Profesor: Mª Del Pilar Del Palacio
2º ESO - Aula: 2 A
Microrrelato:
Miré por la ventana medio abierta. La brisa acariciaba mi cabello rubio cuando pude oír el suave y elegante golpe en la puerta.
La visita ya estaba aquí.
Me levanté de la cama apartando el portasueros a mi derecha, caminando delicadamente hacia la puerta y abriéndola muy lentamente.
Al abrirla, pude ver lo que parecía un señor trajeado, llevando sobre su cabeza un sombrero negro a conjunto, el cual no me permitía ver su rostro.
Un silencio inundó aquella sala de hospital, haciéndola aún más tétrica.
—Élise, querida.
No contesté.
—¿Cómo estás?
Sonreí levemente.
—Bien, últimamente estoy mejor. Los doctores dicen que pronto podré volver a casa, parece que los medicamentos están haciendo su efecto.
Sonrió tibiamente como respuesta, lo que acrecentó el silencio entre ambos.
El señor trajeado sacó su mano del bolsillo de la chaqueta, dejando ver unos guantes también conjuntados, y sacando de este un antiguo reloj de bolsillo recubierto de oro.
—Hemos de irnos querida, es la hora. —dijo mientras volvía a guardar el objeto circular en su bolsillo.
Me dí la vuelta mirando aquella habitación en la cual había pasado estos últimos meses; se había convertido en mi hogar, a pesar de que no eran más que cuatro paredes y unos cuantos aparatos médicos.
—¿No quieres beber algo antes? Tengo té… —Contesté intentando conseguir algo de tiempo.
—Élise, no hay tiempo. —El hombre levantó levemente la voz mientras me tendía la palma de su mano, esperando que yo pusiera la mía sobre la suya.
El silencio volvió a aparecer, pero esta vez mucho más lúgubre e inquietante.
—Señor…
Tuve la certeza de que me estaba prestando atención aunque no podía ver su mirada.
—¿Puedo preguntar su nombre?
Silencio de nuevo.
—Me puedes llamar Muerte. Ahora vámonos, es tarde.
Obra de referencia:
Eloy Moreno. Invisible