Profesor: María González Castro
3º ESO - Aula: 3ESO C
Microrrelato:
El pasado inefable
Abrí los ojos y divisé la soledad de mi apartamento. Me preparé y me acerqué a la universidad en volabús*.
Cuando llegué a clase me encontré con mis amigos, y tomé apuntes. Cuando acabó la clase, me despedí de mis
amigos.
Andando por la calle me llamó la atención un anticuario en medio de la ciudad de Padua, por lo que entré, y me
llegó un olor a antigüedad. Avancé por el local que, cubierto de polvo, parecía abandonado. Escrutando el sitio,
me llegó un destello por el rabillo del ojo, eran unos preciosos espejos venecianos muy antiguos, según me fui
acercando, divisé un reflejo que no era el mío, era el de una mujer. Y ademas, parecía que el espejo te atraía
lentamente. De repente la realidad se desvaneció, y sentí como me adentraba en los espejo, la mujer que había
visto se alejaba deprisa, por lo que empecé a seguirla.
Ella corría cada vez con más rapidez, y no podía alcanzarla. Se le cayó un pequeño broche, que tenía una
cerradura. De repente sentí cómo me dormía, y desperté en el suelo del anticuario. En seguida me puse a intentar
forzar la cerradura del broche, que se abrió con un sonido seco. Dentro había una foto de un hombre, y por
detrás estaba escrito Giacobo Rossetti, ¡el nombre de mi abuelo! Pronto caí en la cuenta de que era mi bisabuela
de joven, la mujer que corría, pero no conseguía una explicación.
Llegué a mi casa, y me metí en la ducha. Al salir descubrí que el broche que había dejado en la mesa había
desaparecido.
*Transporte de esa época, autobús volador.
Obra de referencia:
La obra es Los espejos venecianos de Joan Manuel Gisbert, una obra actual sobre la fascinante vida de un estudiante que se enfrenta al misterio de la soledad en Padua.