Profesor: Isabel Mélida Rodríguez
3º ESO - Aula: 3ºC
Microrrelato:
Era una noche brillante, las estrellas lucían hermosas. Esa noche había decidido bajar a la tierra, sin tener que cuidar el cielo, como siempre hacía noche tras noche desde que nací. Don o maldición, me había tocado ser la luna que iluminaba cada noche. Me gustaba, pero necesitaba una oportunidad de conocer a alguien de verdad. Aparecí en un lugar cerca del mar y, al fin, podría hacer lo que deseaba. Con ese pensamiento, me dirigí al sitio iluminado más cercano. Era un bar acogedor, cálido, con pocas personas, pero yo solo me fijé en una, me miraba con ojos curiosos y tenía una media sonrisa. Cuando me senté, aquel hombre se acercó y con voz segura me preguntó cómo me llamaba. Me dijo que le gustaría conocerme y que me dejara conocerle. Lo pensé y lo seguí pensando durante el tiempo que pasé con él. Quizá debería haberme negado, pero en aquel momento en el que me miraba con ojos suplicantes, solo pude asentir. Me llevó a un hermoso lugar y, cuando estábamos viendo las estrellas, a las que yo tan bien conocía, solo pensé en que tendría que alejarme de él, Calisto, sin poder darle explicaciones. Y así pasó cuando llegó el amanecer y me tuve que ir a mi hogar, al cielo. Calisto no lo entendía, y cuando se dio cuenta de que me había perdido para siempre, se quitó la vida después de que yo, esa chica risueña, Melibea, me fuera de su lado. Aquella noche, me di cuenta de que me había enamorado, pero que ese amor sería imposible. Solo podía pensar en que quizá, podría verle en el cielo, como una estrella que brilla junto a la luna, pero que jamás podrán tocarse, solo amarse sin poder estar juntos nunca más.
Obra de referencia:
La Celestina. Fernando de Rojas.