Profesor: Ana Del Río Fernández
3º ESO - Aula: B
Microrrelato:
Miré a mi alrededor. Solo veía las muecas burlonas de mis amigas, y escuchaba el sonido estridente y desagradable de sus risas y mofas. La pobre chica luchaba por contener las lágrimas para así conservar la poca dignidad que le quedaba. Y lo peor era que ella no había hecho nada. Eran los demás los que se lo estaban haciendo. Ella sólo trataba de hacer su vida con normalidad, mientras había un montón de ojos acechantes vigilando cada paso que daba. Y nadie parecía darse cuenta. Sólo yo. Sólo yo era consciente de lo que le estaban haciendo a mi compañera. Tal vez porque sólo yo conocía ese dolor y por eso era la única capaz de sentirse culpable por sus acciones. Yo quería hacer algo. Ansiaba callar las burlas de mis amigas de un puntapié y defender a la pobre Betty. Pero no lo hice. Simplemente no podía. Me daba demasiado miedo. No me veía capaz de plantarle cara a mis amigas. Así que decidí participar yo también en ese silencio traicionero de quién se calla por miedo a ser juzgado, antes de defender a la víctima. Porque aquí todo el mundo sigue la misma ley: antes te salvas a ti mismo que a tu compañero. Y mientras tanto, el tiempo pasaba y mi compañera moría lentamente. Y mientras yo la observaba. Observaba cómo vagaba de un lado a otro, totalmente sola, sin nadie a su lado, mientras era seguida por un séquito de almas crueles hambrientas de maldades y humillaciones. Y así un día tras otro. Y yo no hacía nada. Nadie hacía nada. Y así, a la vez que mis amigas condenaron a la pobre y desgraciada Betty, los demás la condenamos con un silencio traidor y sepulcral que jamás nadie se atrevería a romper.
Obra de referencia:
"Betty Ann", De Ina Hughes. Una chica inteligente y sensible se cambia a un instituto elitista. Sus compañeras de clase la aíslan y se burlan de ella hasta causarle daños psicológicos.