Profesor: Eduardo Méndez Gómez-arevalillo
2º BACHILLERATO - Aula: 2ºA
Microrrelato:
Ese hombre, microrrelato.
Corría de un lado a otro sin parar, escribiendo notas, haciendo cálculos y rompiendo borradores. ¿Era posible que…? “No, es imposible”, se dijo. Hace años, cuando visitó un monasterio, hubo algo que le llamó poderosamente la atención, y desde ese momento, pensaba día y noche en cómo solucionarlo: todo el conocimiento residía en los monasterios. Los monjes, dada su profunda sabiduría y cultura, copiaban todos los textos de la época. A la vista estaba que era una ardua y lenta tarea. Él era un hombre culto, desde pequeño le habían instruido bien, al contrario que a la gran mayoría de sus contemporáneos. Había leído a los clásicos y aprendido ciencia. Había tenido suerte, pero ¿y todos aquellos que vivían en la más profunda inopia? ¿Cómo podía acelerar esa difusión del conocimiento? No podía dejar de dar vueltas a esa inquietud suya. Y de repente, miró un boceto que había esbozado días atrás y se le encendió la bombilla: había dado con la tecla. Su formación como orfebre le ayudó a idear un sistema para resolver ese problema, los “tipos móviles”. Además, como gran católico, hizo uso de su invento para copiar la Biblia en primer lugar, y así difundirla por el mundo. Este acontecimiento histórico se ha puesto a la altura del descubrimiento de América o la caída del Imperio Romano de Oriente, a la hora de hablar de la transición a la modernidad. Todo le debemos a Johannes Gutenberg y a su afán por extender el conocimiento.
Obra de referencia:
"Yo, Claudio" de Robert Graves