Profesor: Eduardo Méndez Gómez-arevalillo
1º BACHILLERATO - Aula: 1ºA
Microrrelato:
El Sueño Letal
Y fue solo entonces cuando logré quedarme dormido, solo para desear no haberlo hecho. Me encontraba atado a mi cama, siendo presa de nada más que mi locura. Veía que todos los personajes de ficción que una vez me criaron se acercaban a mí, solo para hacerme daño. Clotaldo ya no quería venir a verme, Astolfo ya ni siquiera hacía el ademán de ayudarme y es Segismundo, quien podría entenderme, quien ahora me odia. Tenía las manos sudorosas, sometidas a un incontrolable temblor, y sentía mi corazón como si se fuera a salir de mi pecho. Intentaba moverme, pero no podía, mi cuerpo no respondía, me encontraba indefenso ante quien iba a hacerme daño. Cada vez estaban más y más cerca, mi hora se acercaba. Tras más sufrimiento conseguí identificarme a mí mismo entre la masa de personajes que me acechaban. Quería gritarle, pedirle que me ayudara, pero no salía de mí ninguna voz. Le veía merodeando por la habitación, alentando a los que serían mis verdugos. Me sentí traicionado, traicionado por mí mismo, y el sentimiento de impotencia, el saber que no podía hacer nada, me corrompía por dentro. Y de pronto, la escena cambió. Ya no estaba atado a mi cama, sino al borde de un abismo, rodeado por mis mayores miedos, indefenso. Parecía que todo caía sobre mí, y ya era innegable, mi momento había llegado. Cerré los ojos y, tras un fuerte golpe en el pecho, sentí cómo caía al vacío. Ví a mi alma abandonar mi cuerpo, ahora completamente frío. No podía concebir que eso fuera real, pero, ¿y si lo era? Ya, cuando quise despertar, era demasiado tarde, porque toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
Obra de referencia:
La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca