Profesor: Agustín Berlinches Zapero
2º ESO - Aula: 2º D
Microrrelato:
Me encontraba mirando al techo de la cabaña, no era la hora de levantarse pero yo no podía dormir, me sentía abrumado, triste y en parte incompleto; lo único que me animaba era una pequeña criatura mágica muy alegre. Pasaron las horas y por fin sonó la voz de alarma. Me alisté y salí de la cabaña para ir a la formación.
Sorprendentemente algo me era diferente, mis compañeros de equipo me saludaban desde fuera, como si hubieran olvidado todo lo del día anterior, algo no me cuadraba.
El día continuó como todos los anteriores, empezamos la clase de preparación física con dos vueltas al lago, y aunque casi no hab?ía dormido no me sentía cansado, era una sensación extraña, como si que me hubieran perdonado hubiera sanado el insomnio y el desánimo dentro de mi.
El día marchaba bien, demasiado, mis compañeros ya no me odiaban y tampoco sentía cansancio tras haber estado toda la mañana haciendo ejercicio. Por fin llegaron las clases, el día de hoy tocaba fauna; la actividad que mejor se me da, después de todo mi padre me enseñó a reconocer huellas ya hace muchos años. Aunque la clase me fué bien, yo sabía que tenía que mejorar.
Tras aquella clase al fin se acababa el adiestramiento, llevaba esperando todo el día para volver a la cómoda cabaña en la que llevaba tanto tiempo viviendo y para ver a la criatura que había salido de aquel misterioso huevo. Pero cuando entré a la cabaña acogedora no vi a la pequeña criatura que se camuflaba mágicamente sino a un gran dragón con escamas plateadas en vez de verdes y con alas mágicas.
En ese momento desperté de aquel maravilloso sueño a la triste realidad en la que mis compañeros me odiaban por quien y como era.
Obra de referencia:
"El sendero del guardabosques" de Pedro Urvi