Profesor: Mónica Ricote Loeches
1º ESO - Aula: 1A
Microrrelato:
Aquella noche en el bosque fue terrible y jamás podré olvidarla.
Llevaba casi una semana sin alimentarme y no aguantaba más. Vagaba sin descanso ni esperanza, estaba cansado así que decidí sentarme a descansar.Cada segundo que pasaba se me hacía eterno, en el bosque reinaba el silencio y el único ruido que se escuchaba era el rugido de mis tripas. Sin ganas y con apenas fuerzas, me levanté y seguí caminando, tenía que encontrar cuanto antes algo de comida.
Aquella había sido una gran decisión, y toda la esperanza perdida volvió a mí cuando vi una casa de ladrillo en lo alto de una pequeña loma. Torpemente, corrí hasta que llegué a la cima y, sin dudarlo, llamé con ganas a la puerta.
Para mi sorpresa, me recibió un dulce cerdito, o al menos eso parecía. Le conté mi situación, le rogué que me dejase entrar y, tras pensárselo durante varios segundos, aceptó.
Al pasar, un olor nauseabundo inundó mis fosas nasales, el amable cerdito pareció darse cuenta de mi malestar e inmediatamente me ofreció algo de cena. Yo acepté y le di las gracias. Mientras el cerdito se marchaba a por la comida, me quedé en la sala observando la decoración. Las paredes eran amplias, con grandes cuadros de tres cerditos unidos y muy felices.
No tardó el cerdo en volver a aparecer, esta vez con una gran bandeja de plata entre sus manos. La dejó en la mesa y, con una sonrisa algo macabra, levantó suavemente la tapa revelando la cabeza asada de uno de los cerdos del cuadro.
Sin pensármelo dos veces, salí corriendo de aquel lugar. Mientras, el cerdo me observaba apoyado desde la puerta.
Obra de referencia:
A partir de la lectura de Cuentos en verso para niños perversos, de Roald Dahl, la alumna hace su versión de Los tres cerditos, de Joseph Jacobs.