Profesor: Inmaculada García García
4º ESO - Aula: 4º ESO A
Microrrelato:
Odiaba a mi marido.
Si se pudiera llamar marido, en vez de planta, o mueble. Pensaba que en cualquier momento se iba a difuminar entre las paredes y volverse parte del mobiliario.
Aparte de no hacer nada, lloraba desconsoladamente, sin parar, cada vez que hacía la mínima cosa.
De primeras intenté hablarle, pero de nada sirvió, seguía perdido en su llanto.
Y como las palabras no sirvieron, empecé a intentar llamar su atención de otras maneras: encendía y apagaba las luces frenéticamente, tiraba jarrones y formaba estruendos. Fue un error, sólo miraba al cielo levantando los brazos y lloraba con más vehemencia.
Me sentía sola, no podía pedir consejo a nadie: mis amigas parecían haberse puesto de acuerdo para dejarme de hablar. Así que me quedé en casa atascada con un marido cada vez más loco.
Los días siguieron con monotonía, hasta que, una mañana, le vi arreglarse, ponerse su corbata y salir a la calle. Le seguí sin que él me preguntara, claro está.
Al principio no sabía dónde estaba yendo hasta que vi en la distancia el cementerio.
Siguió, entró, se plantó delante de una tumba y dijo:
Cada día que pasa sin ti pierdo más la cabeza. La casa… la casa es un desastre, está tan rota como yo.
Miré hacia arriba, a la tumba a la que hablaba. Era mi tumba.
Con mi nombre, mi fecha de cumpleaños y mi retrato.
Obra de referencia:
Cumbres borrascosas de Emily Brönte