Profesor: Inmaculada García García
2º ESO - Aula: 2º B
Microrrelato:
Se había estado preparando durante varios meses. Sin descanso. Había ido
mejorando sus marcas, con mucho esfuerzo y dedicación. Ese ritual de quitarse el
chándal y calentar con la ilusión de batir su marca más preciada; esa ejecución con
la máxima potencia en un estadio de verdad, anhelando verlo lleno de aficionados
expectantes ante esa nueva marca, su récord mundial: eso es lo que realmente le
daba sentido a su vida.
En varias ocasiones estuvo a punto de arrojar la toalla, convencido de que no podía
más, de que nunca lo conseguiría. Su cara se oscurecía y se llenaba de un sudor
frío y aparecía de repente un rictus inconfundible, que helaba la sangre a todo aquel
que lo contemplara. Demasiadas vallas que se antojaban ya excesivamente
separadas y con una altura inalcanzable. Ya había llegado la hora de descansar, de
disfrutar de todo lo que había logrado en su vida de lucha y superación.
Pero cuando parecía que todo había terminado, sin saber cómo, volvía a enfundarse
su equipación azul marino, con esas zapatillas rosas tan desgastadas por tantos
kilómetros de obstáculos, y se lanzaba a la pista para enfrentarse una vez más a
todos sus rivales. Todos, uno tras otro, iban quedando atrás, por muy fieros que
pareciesen. Y alguno de ellos daba francamente mucho respeto.
Hoy su cara tenía un brillo especial, porque mañana era el gran día: la final olímpica.
Estaba entrenando como nunca, se le veía muy concentrado y estaba feliz. Pero
como en los últimos cinco años a estas horas de la tarde todo se interrumpía para
que pudiera tomar su alimento por vía intravenosa y comprobaran que su respirador
funcionaba perfectamente para pasar la noche sin sobresaltos.
Obra de referencia:
Cuentos y leyendas de los juegos olímpicos de Giles Messardier