Profesor: Inmaculada García García
2º ESO - Aula: 2º B
Microrrelato:
La islaAbrí los ojos, el sol del amanecer pasaba a través de un frondoso bosque de gran densidad
y me iluminaba. Las enormes caobas daban hogar a miles de insectos y animales, los
inmensos eucaliptos brindaban alimento a una amplia cantidad de criaturas con sus hojas,
las grandes bestias de la selva se movían entre las sombras, los ruidos de las aves
componían una hermosa sinfonía y sus colores formaban un mandala en el cielo.
El flujo del río hacía de tobogán para los miles de peces que vivían en él, los monos se
columpiaban en las enormes lianas que cruzaban la selva de lado a lado y las piedras, de
mil tamaños y formas distintas, formaban los dólmenes, menhires y cromlechs más
monumentales que alguien se podría imaginar.
Por la noche, el calor desapareció y un viento helado pasó por mis huesos atravesando mi
piel. Los pájaros ya no cantaban, los colores deslumbrantes de la selva se habían vuelto
oscuros, los monumentos de piedra formaban monstruos gigantes y en el río miles de
dientes esperaban una oportunidad para comer. En la inmensa oscuridad sentía miles de
ojos observándome, no sabía si estaba preparado pero tenía que hacerlo. Metí mis cosas
en la mochila y atravesé la frondosa selva. Era espesa y me enredaba con cada telaraña,
con las enredaderas y con alguna liana. Escuché gruñidos, mis latidos aumentaron, me
puse detrás de un árbol e intenté relajarme, sin saber qué peligros aguardaban tras el árbol.
Esperé un rato y continué mi camino. Al llegar a la playa cogí mi pistola de bengalas y
disparé, el cielo se iluminó de mil colores y mis últimas ilusiones se fueron con aquella
bengala. La última esperanza para ser rescatado tras cinco años perdido en esa maldita
isla.
Obra de referencia:
El señor de las moscas. William Golding