Profesor: Alfonso Ruiz De Aguirre Bullido
2º ESO - Aula: 2º A
Microrrelato:
Uno… Dos… Tres… Respiré hondo… Miré el techo de mi blanca habitación tumbada desde mi cama. Me senté abrazando mis rodillas. ¿Cómo había acabado aquí? Empecé a notar el peor sentimiento que se puede tener: el sentimiento de que nadie es capaz de entender lo que sientes. Por mucho que lo intenten. Por mucho que te quieran. Mi madre es una egoísta. Y su marido también. Y también mi hermanastro Nick. Todos son unos egoístas. Y, además, ninguno de ellos se acercaba al tipo de gente que yo quería al lado. Para ser más concretos, Nick era el que más se alejaba. Era un chico celoso y agresivo, y, para colmo, me sacaba cinco años. Las lágrimas empezaron a recorrer mi mejilla y mis labios empezaron a temblar como cuando tienes frío. Pero no tenía frío. Solo ansiedad. Cerré mis ojos otra vez y dejé caer las lágrimas.
Bajé a la cocina, abrí la nevera y cogí un bote de helado de fresa XXL. Afortunadamente podía permitirme caminar con el pijama de verano, con un moño mal hecho y llorando por toda la casa, porque no había nadie. Subí a mi habitación y recordé una cosa que mi padre le dijo a mi madre una vez: “Obedéceme”. Me recordaba mucho a mi hermano Nick. Me había dejado claro que él mandaba en aquella casa. Abrí el helado y empecé a comérmelo. Encendí la tele. Y la volví a apagar. No quería sentirme sola, pero tampoco ver la tele. Dejé el bote de helado en la cama y salí a la terraza. Empezó a sonar mi tono de llamada y me sorprendió quien llamaba: Nick.
—¿Nick?—pregunté.
—Necesito tu ayuda… Creo que he matado a un amigo –sentenció.
Obra de referencia:
La alumna leyó, por su cuenta, "Culpa mía", de Mercedes Ron.