Profesor: José Ramón Urízar Salinas
3º ESO - Aula: Cultura clásica 3º ESO A/B
Microrrelato:
Era una noche muy lúgubre, de la que no quiero acordarme, en la que la luna se deslizaba a través de las nubes. Las estrellas no se alcanzaban a ver. Pero un rugido penetrante recorría mi cuerpo en forma de escalofrío. Desenfundé mi espada, intentando no hacer ruido con su afilado y destructor filo. Los rugidos cada vez eran más cercanos. Empecé a tomar conciencia de mi respiración: cuando pisaba, el suelo de aquel bosque crujía. De repente, unos ojos alumbrados por la poca luz de la luna brillaban en la oscuridad. Ahí estaba mi fiel contrincante, el león de Nemea. Me zambullí entre unos arbustos y el tocón de un árbol. El león olisqueaba intentando seguir el rastro: el felino se subió suavemente al tocón del árbol. Alcé mi espada y la direccioné hacia su cabeza. Pero un chasquido metálico irrumpió el silencio nocturno. Salí de mi resguardo, confuso y asustado miré mi espada: estaba completamente resquebrajada a la mitad. El león estaba intacto, no tenía ni un solo rasguño. La fiera me miraba con una mirada agresiva y despellejadora. Nos miramos fijamente... En ese momento tanto la bestia como yo, el humano, sabíamos que solo de allí uno saldría con vida. El león se balanceó sobre mí y abrió sus fauces con la intención de matarme... pero agarré su hocico hasta que disloqué completamente su mandíbula. Su rugido cada vez se apagaba más entre las sombras y las tinieblas de aquel bosque. Aquella bestia yacía asesinada bajo un hermoso amanecer. Me acerqué y palpé su piel impenetrable. Miré su rostro lleno de cortes ya cicatrizados. Tomé su piel como trofeo. Aquel sería mi primer gran desafío. Y yo, a partir de ese momento, sería reconocido como Hércules.
Obra de referencia:
Fragmento de Robert Graves, "Los mitos griegos", sobre Hércules para filología clásica