Profesor: José Ramón Urízar Salinas
4º ESO - Aula: Cultura clásica 4º ESO A/B
Microrrelato:
Buenas noches:
El hecho de que estés leyendo esta carta significa que estaré bajo un profundo sueño, un velo de fría plata recubrirá mi mirada y mi sangre habrá conseguido
escapar: ojalá yo hubiera tenido esa suerte. Inesperadamente, empiezo a notar una tenue brisa que me acaricia y envuelve suavemente. Sigo tranquila, es viento, no hay porqué preocuparse. De repente, la tersa brisa se transforma en un fuerte viento verde. Entro en pánico. Me empieza a ahogar. Me resisto, pero no hay
forma. El viento es demasiado fuerte. Con un gran suspiro, el viento entra en mí. No quiero, pero a él no le importa lo que yo quiera. El viento no es ciego, pero parece no querer abrir los ojos. Quizás ya los tiene abiertos, pero como el viento es invisible, no los veo, y lentamente, me voy volviendo invisible con él. Noto cómo recorre mi cuerpo, de arriba a abajo, de dentro afuera. Lo intento detener, pero al viento nada le puede parar. Me sigo resistiendo: "¡es imposible que me venza!" pienso, equivocada. Suenan gritos y golpes, pero solo los oigo yo. El viento es sordo. De repente, se esfuma sin dejar rastro en la habitación, pero deja rastro en mí, marcas visibles e invisibles me siguen atormentando.
Ahora, sola y sin saber que hacer, estallo en llantos. ¿Cómo lo he podido permitir? ¿Qué clase de mujer soy si he conseguido que el viento me invada? Una que no merece vivir, por supuesto. Porque, por mi culpa, el viento ha entrado. No lo pude evitar, pero era mi deber. Una débil voz en mí me susurra que no es mi culpa. Esta voz me hace dudar, pero finalmente cojo un puñal y me lo clavo en el torso. El acero entra en mí, pero, por lo menos, le he dado permiso.
Firmado: Lucrecia
Obra de referencia:
Fragmento de Tito Livio, "Ab urbe condita" sobre la muerte de Lucrecia.