Profesor: Ana Belén Barahona Montero
1º ESO - Aula: 1º de la ESO
Microrrelato:
Jacob no entendía por qué lloraba. Su padre había fallecido, era cierto que
dolía, pero sabía que, tarde o temprano, aquello ocurriría.
El silencio de la noche le acabó despertando. El frío perforó su piel por
completo, y el incómodo colchón sobre el que descansaba le provocó dolores
insoportables en todo el cuerpo.
Necesitaba estirarse un poco, aunque sabía que no lo tenía permitido. Si los
soldados le descubrían sin dormir, ¿qué le ocurriría?
Evitó por completo hacer cualquier clase de ruido, y se levantó. Sus pies se
aferraron al suelo con las pocas fuerzas que le quedaban.
Le escocían los ojos por las lágrimas que había derramado apenas minutos
antes. La oscuridad de la habitación le impidió poder ver correctamente dónde
pisaba, chocándose así con algunos de sus compañeros.
Una vez llegó a una zona vacía, sin nadie durmiendo allí, concentró toda su
mente y escasa energía en no caerse. Las heridas y golpes que tenía debido a
los constantes maltratos rozaban su ropa y, sin duda alguna, le ardían.
Entre aquel oscuro silencio, sin nada qué hacer, logró escuchar la chimenea.
Le sorprendió un poco que, a esas horas de la noche, siguiera en
funcionamiento.
En la pared habían pequeñas grietas, simbolizando el pésimo estado del lugar
o algún intento de fuga de prisioneros. Una de ellas era lo suficientemente
grande cómo para asomar un ojo y divisar el exterior.
Jacob posó su ojo contra la grieta, y justo al lado de la chimenea, vio una
estrella fugaz. Asombrado, dirigió su mirada hacia allí. En pocos segundos,
aparecieron otras más, adornando el cielo.
Obra de referencia:
"El mago de Cracovia", de Esteban Martín.