Profesor: Carmen Romero Morollón
4º ESO - Aula: 4ºESO
Microrrelato:
Camino al hotel
Volví al hotel andando todo el camino, no lo hice porque me apeteciera andar ni nada de eso, fue porque no quería pagar otro maldito taxi. Me había olvidado de la escasa condición física que tenía hasta esa noche. O tal vez estaba tan cansado que mis piernas me parecían de plomo, o tal vez, eran las dos cosas a la vez.
Ya era tarde, las tiendas estaban más cerradas que un domingo por la tarde y no había ni un alma en la calle, así que, si me caía muerto del cansancio, al menos nadie me robaría los cinco dólares que llevaba en el bolsillo. Cinco dólares, solo me quedaban cinco malditos dólares, me preguntaba si después de la última noche en el hotel mi único techo sería el cielo y sus estrellas. Pensé que si me quedaba sin dinero, me pondría a bailar en la calle o a ofrecer consejos. Seguro que a la gente le vendría bien o les habría dado pena y solo por sentirse bien consigo mismos me habrían dado dinero y me podría comprar un zumo y un pan para no morir de inanición.
Entonces llegué al hotel. Treinta y una manzanas estupendas. Pero creo que para cuando llegué, estaba delirando, porque creí ver a un niño corriendo por la calle igual a mi hermano Allie. Entonces ya daba igual que mis piernas fueran de plomo, porque comencé a correr detrás del supuesto “niño”. Corrí como otras diez manzanas más pero no encontré a nadie. Creo que el cansancio me pasó factura porque yo sabía que mi hermano Allie había muerto ya hace un tiempo.
Obra de referencia:
El guardián entre el centeno, J.D Salinger