Profesor: Encarnación Cuenca Montilla
1º ESO - Aula: 1º ESO F
Microrrelato:
Era una tranquila mañana de primavera. La brisa me acariciaba la piel delicadamente y tu larga melena rubia como los campos de trigo ondeaba libre. A lo lejos, la nieve de los montes se desvanecía poco a poco. Era tu mano la que me acariciaba suavemente mientras susurrabas dulces palabras de amor.
Adoraba escuchar tu voz, tan tierna, limpia y cariñosa. Íbamos charlando sobre nuestro futuro mientras contemplábamos el precioso paisaje que nos rodeaba.
Llegamos a un campo alegre, con todos sus almendros en flor. Tus claros ojos azules se clavaron en los míos con una cálida mirada.
De repente, noté que todo a nuestro alrededor se detenía por un instante y solo estábamos tú y yo, mirándonos fijamente, en medio de la pradera.
Sentí tú mano en mi pecho. Nuestras caras se acercaban delicadamente.
Pero cuando tus labios rozaron los míos, ya no era carne, sino un frío viento el que soplaba sobre mi arrugado rostro.
Ya no eran flores lo que contemplaban mis ojos, sino un vulgar techo. Me giré para ver el otro lado de la cama. Solo encontré cojines y mantas. Tú ya no estabas allí sino bajo la tierra...
Desde aquel aciago día que te fuiste, mi vida se ha teñido de gris. En casa las risas ya no se escuchan y me siento más solo que nunca. Los días son largos y tediosos y cada vez me hago más viejo. Para qué vivir, si no te tengo a mi lado. Lo único que me queda es el luminoso recuerdo que guardo de ti, mi querida compañera. Cada noche sueño con tu amor, y cada mañana me despierto con tu olvido.
Obra de referencia:
Este relato está inspirado en el poema "Soñé que tú me llevabas", que pertenece a Campos de Castilla, obra emblemática de Antonio Machado.